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La Real Fábrica de Hojalata de Júzcar (IV Parte)

El horno de fundición, verdadero, horno alto, era “una torre cuadrada de cuatro gruesas paredes y su vacío remata por lo inferior en forma de caldera y por lo superior en un pequeño cuadrado, por donde se introduce la mina, castilla y carbón, y por la boca de dicho horno, para sacar el hierro colado, hay sobrada capacidad para fundir a él cubierto”.

Este horno alto, la herrería y varios cuarteles formaban otra plaza, llamada de Santa Bárbara, y el edificio de la Contaduría, con la misma herrería y otras líneas de cuarteles constituían otra, titulada de San Eloy. Había en total 26 cacernas, o pabellones para el personal, y otros varios edificios dedicados a tienda, carnicería, taberna, cuadras, etc…

Más tarde se debió construir otro horno alto en las cercanías de Cortes de la Frontera, a unas dos leguas de allí, aprovechando las inmejorables condiciones de aquel lugar por la abundancia de agua, bosques y minerales que existían en sus inmediaciones; pero creemos que no llegó a funcionar, o si lo hizo trabajó muy poco, pues no se hace referencia alguna a él en los documentos posteriores que hemos constultado.

Los minerales que se beneficiaban en esta fábrica procedían de yacimientos situados en sus inmediaciones. Según la citada «Descripción» a legua y media de Ronda, camino de la fábrica, hay unas minas muy abundantes de hierro, que llaman de los Perdigones, que juntamente con otros de minas situadas en Parauta y el Robledal, distantes cosa de legua y media, eran los que se cargaban en el horno algo. A una legua aproximadamente de allí había “un cerro o mina de Castilla, que es una piedra como pizarra, que sirve para mezclar con la fundiciones de hierro y facilitar su unión y liquidación”. Tenían, pues, a mano mineral, castina y bosques muy abundantes, y respecto a éstos se nos dice en otro impreso “Las montañas que la circundan y los valles que le siguen por espacio de catorce leguas hasta Gibraltar, y el Castellar, hasta términos de Xerez, están poblados de encinas, alcornoques, quexigos, castaños, monte bajo y otros árboles semejantes, encontrándose muchísimas porciones impenetrables por su espesura, que siguen hasta dichos parages: dicho terreno es tan fértil de todos estos géneros de árboles para la fábrica de carbón que a poco tiempo del rozo y entresaco vuelve a producir, lo que se evidencia así con no haberle alterado ni faltado el carbón, tablones y leña, de seis cuartos de arroba, con que comenzó a venderse desde sus principios, como también que los carbones no han salido de las dos leguas de los contornos de dicha fábrica desde el año 1727 (el impreso, aunque sin fecha, debe ser de alrededor de 1740) para hacer sus hornos en abundancia no obstante su consumo, y en el término de un mes, habiendo caudales prontos, llenan los almacenes de dicha fábrica, sin salir de los términos expresados: lo que se confirma con las grandes instancias que tiene hechas la villa de Cortes a la fábrica para que le roce y entresaque los montes de su término porque la espesura del monte alto y bajo hace que no puedan comer la bellota sus ganados”.

Lo que debía escasear más era el agua, cuyo caudal en el río Genal no era suficiente en los estiajes para mover las máquinas, y ello parece fue la causa de la determinación de construir otro horno alto en Cortes, donde abundaba más el agua, para que pudiese trabajar, sin interrupción durante todo el año.

En cuanto el transporte de primeras materias y de productos terminados debió también presentárseles problemas, pues por lo fragoso del terreno se les morían las caballerías que para ello empleaban. En 1738, el Rey proporciona al Marqués de Pilares seis camellos de los que se criaban en el Real Sitio de Aranjuez desde tiempo de Felipe II. Al año siguiente el Marqués se dirige de nuevo al Rey, diciéndole “haber experimentado particular alivio por los seis camellos que V. Majestad mandó dar al Suplicante, por ser muy acomodados para dicho transporte y el terreno a propósito para su conservación, y siendo cortísimo número para tan general abasto…, suplica a V.M. se digne concederle ocho camellos y ocho camellas de servicio de los muchos que tiene su Magd en el RI sitio de Aranjuez…”. A este oficio contesta el Rey por medio del Gobernador del Real Sitio, don Nicolás de Montufar, concediéndole la mitad de los camellos y camellas perdidos.

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Artículo publicado en el número 13 de la revista La Serranía en noviembre-diciembre de 2001.

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